Empieza a ser una realidad palpable que ya convence hasta los más agnósticos, incrédulos o los que todavía alientan debates respetables sí, pero anacrónicos. Es pasado. En el Nou Mestalla cabemos todos. Bienvenidos pues al barco de aquellos que creímos que Valencia debía ser sede del Mundial 2030 con el Nou Mestalla y defendimos que, por doloroso que resulte dejar nuestra casa, Mestalla, ir a un nuevo estadio era una necesidad. Una necesidad económica y de crecimiento. Porque, además de la venta de los terrenos del viejo estadio que forma parte de la operación, el nuevo recinto permitirá multiplicar las posibilidades de negocio del Valencia CF.
También son bienvenidos quiénes ahora sí ven que el Nou Mestalla no es un estadio low cost. Disquisiciones estéticas al margen —cada uno tiene sus gustos—, será un recinto que cumple con lo que necesita el club y con lo que necesita una ciudad como Valencia. Y, sí, será mejor estadio que el actual Mestalla.

Mestalla
Solo hay una cosa en la que Mestalla gana al Nou Mestalla, todavía: El alma, la historia, los recuerdos, las tardes de gloria, las noches europeas, los abrazos, los disgustos, los goles gritados hasta quedarse sin voz. Todo eso no se compra con una cubierta espectacular ni con 70.044 localidades. Pero, como he escrito infinidad de veces y esta semana toca repetirlo, el alma de un edificio no está en su hormigón. Está en las personas que lo habitan.
Y aquí es donde mi visita me cambió un poco la perspectiva. Yo entré como periodista, mirando detalles, buscando historias, fijándome en aquello que después tendría que contar. Pero también entré como aficionado. Y, conforme avanzaba por el estadio, me fui imaginando allí al Valencia jugando, a la gente ocupando las gradas, el ruido, los goles, las noches importantes. Tanto es así que, sin que sirva de precedente porque para mí el periodista no es noticia, me hice una foto dentro, a pie de campo. La comparto con un poco de pudor, porque sí, a los 51 años aún uno se da cuenta que hay cosas que le avergüenzan, pero creo que en este caso la excepción es noticia.

David Torres en el Nou Mestalla
Yo salí con las ilusiones renovadas. Con ganas de estrenarlo como periodista, como aficionado y como futbolero. Salí con ganas de gritar a los cuatro vientos que mola, que impresiona, que cuando lo ves desde dentro cambia la perspectiva. Y sé que alguno del entorno valencianista no lo reconocerá públicamente, porque el orgullo, muchas veces, nos ciega – a mí el primero-, pero creo que ver la obra cómo avanza tapa muchas bocas.
Creo que para muchos esto será un poco como lo de Santo Tomás: meter los dedos en la herida para convencerse. Algunos necesitaban verlo, tocarlo y recorrerlo para creer. Yo también necesitaba hacerlo para terminar de entenderlo; aunque, modestia aparte, siempre creí y sigo creyendo que lo veré terminado y lo podré disfrutar. Bienvenidos también esos al barco del Nou Mestalla, lo reconozcan o no

Nou Mestalla
Ahora empieza el verdadero reto vital: darle vida, darle alma y disfrutarlo. Los de la grada y los de la zona de prensa, viviéndolo desde fuera. Los de dentro, los del club, haciendo que nos sintamos orgullosos de lo que vemos. La propiedad invirtiendo, la directiva acertando, el entrenador y los jugadores dejándose la piel para que podamos de nuevo ver al Valencia CF ganando, compitiendo y jugando en Europa. Y, en un futuro, también a la Selección Española. ¿Por qué no?
Yo ya he estado dentro. Ya lo he tocado. Ya he caminado por sus entrañas. Ahora solo falta lo importante: que un día podamos mirar atrás y decir que todas esas paredes se llenaron de historias que merecieron la pena contar. El edificio ya está empezando a ser realidad. Ahora nos toca llenarlo de vida. Ése es el reto. Feliz semana.
David Torres
Delegado de ElDesmarque en Valencia
dtorres@eldesmaque.com