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Entre el móvil y el posteo

Hace ya dos décadas que comencé en esto de la comunicación. La fortuna me ha permitido tocar, conocer, disfrutar, mamar, aprender y crecer en todas y cada unas de las ramas del periodismo deportivo.

Nací para la profesión en la prensa escrita, la de teletipos por impresora, máquinas de escribir, poco Internet y nada de móviles, y ahora me gano la vida dirigiendo la delegación local del diario deportivo nativo digital más importante de este país: ElDesmarque.

En este amplio periodo de mi vida, he pretendido siempre ser fiel a la honradez, la ética profesional, la integridad personal y, por supuesto, la curiosidad, las ganas de aprender, de saber más y de conocer hasta las últimas tecnologías.

Sin duda, mi afán por dominar las herramientas que hicieron, hacen y harán más efectivo y eficaz mi trabajo han sido una de mis obsesiones.

Vivo mi vida en facebook

Tuve móvil cuando casi nadie lo tenía, disfruté –gracias a mis padres- de un ordenador portátil cuando pesaban casi tanto como uno de sobremesa; me hice Facebook, twitter, Google +, Linkedin, Vine, y ahora Instagram y Snapchat sin saber demasiado bien para que servían. Quiero creer, ahora que echo la vista atrás, que fue siempre por instinto, consciente de que eso me ayudaría a completar y desempeñar mi labor de la mejor forma posible. Vi, desde el principio, esos útiles como “armas de comunicación masiva”.

Porque si algo hace feliz a un periodista por encima de cualquier cosa es contar noticias, pero ser el primer en contarlas, contarlas bien y llegar al máximo número de receptores posibles. Vivimos de eso, de vender periódicos, minutos de radio, de televisión y ahora de los clicks.

Entre la redacción del modesto pero orgulloso diario local en el que comencé y la moderna publicación que ahora coordino, la vida de periodista me ha permitido conocer, disfrutar, y desempeñar mi labor en la televisión y en la radio. En todos los ámbitos de la comunicación me acompañó siempre esa obsesión por dominar las últimas tecnologías que el mercado disponía para hacer mejor mi trabajo.

En la última etapa de mi vida profesional hasta la fecha, he compaginado el periodismo deportivo como las tareas de Community Manager de diversas empresas o instituciones. Mi afán por hacerlo bien y hacerlo rápido, además de propiciar mi caída en las garras de Apple, me ha llevado a pasarme horas buceando en la red buscando herramientas que me permitieran compartir contenidos en las redes sociales de forma correcta, veloz, adecuada y con la mayor eficacia posibles.

He preguntado, probado, buscado y desestimado innumerables herramientas. Ahora bien, te digo amigo lector que, cuando una supera mis exigentes exámenes del día a día no la cambio por nada. Por eso, mis seguidores sabrán que hay redes sociales que machaco incesantemente y otras las tengo reducidas a la mínima expresión.

Las herramientas de trabajo

Lo mismo me sucede con las herramientas de trabajo. Y ahí es dónde aparece el posteo en Facebook. He intentado y buscado todo para compartir en grupos, me he desesperado hasta altas horas de la madrugada repitiendo una y otra vez la tediosa tarea de copiar un enlace y compartirlo en un grupo, en una página, en mi perfil etc… Hasta que apareció Postcron en mi vida.

El hecho de que, con un único click, pudiera hacer el trabajo de compartir una información en seis cuentas o perfiles diferentes me abrió el cielo. Nada podía superar eso.

Y además sin dejar rastros, sin dejar una marca de agua o un mínimo atisbo de poca profesionalidad. Posts limpios, tuits limpios, contenidos que brillan por lo que dicen, por lo que ofrecen, sin molestar la forma en la que los compartes.

Sin duda, hoy en día se ha convertido Postcron en una pestaña imprescindible de mi Google Chrome. No hay sesión ni jornada de trabajo que comience sin tener abierta mi cuenta en esta utilísima herramienta.

 

Es verdad que, por muy macbook que tengas, los enfermos de las redes sociales y que vivimos única y exclusivamente en el mundo digital, terminamos consumiendo cualquier memoria o caché que nos pongan a tiro. Por eso, el acabose fue cuando, un día, por casualidad, descubrí la posibilida de utilizar Postcron como una extensión de Chrome. Se acabó tener la pestañita abierta para compartir nada. Directamente desde el enlace comprartías haciendo aún más rápido si cabe el trabajo y con la misma efectividad de siempre.

La sensación que experimenté aquel día es exactamente la misma que un día mi director hace ya 20 años me dijo “David, toma este móvil y nos ‘cantas’ la crónica desde el pabellón”. No era un teléfono cualquiera, era el único que había en todo el periódico, un Motorola cuya batería te habría roto el pie si tenías la desgracia que se te caía entre las manos. Eso era, un adoquín, pero sobre el que seguí construyendo mi trayectoria periodística. Hoy Postcron es el último ladrillo que he añadido en esa construcción llamada David Torres. Feliz semana.